Conversación con Jorge Thielen Armand
Por Pablo Gamba Quizás pueda parecer extemporáneo recordar que una película venezolana se estrenó este año en la Quincena de los Cineastas del Festival de Cannes. Fuera de tono, inclusive, después del doble terremoto que destruyó aún más lo que quedaba de Venezuela después de décadas de un régimen que la redujo a solo una pequeña parte de lo que fue, con las sanciones internacionales de los Estados Unidos en calidad de tiro de gracia para rematar la agonía económica, devenidas hoy intervención militar, y usurpación de la soberanía y la riqueza petrolera del país. Pero tal vez no. Quizás en el contexto de la catástrofe valga la pena recordar, para darles aliento, que los venezolanos pueden hacer películas como La muerte no tiene dueño (Venezuela-Canadá, 2026), de Jorge Thielen Armand. Es el tercero y mayor de los largometrajes de ficción del director, radicado en Canadá. Su ópera prima, La Soledad (Venezuela-Canadá-Italia, 2016), se estrenó en el Festival de Venecia...