“Dentro de lo azul” de Racornelia y “Boyuna” de Guillermo Quintero

 

Por Pablo Gamba 

En la competencia de cortometrajes del FID de Marsella se estrenan Dentro de lo azul (México-Canadá. 2026) y Boyuna (Francia, 2026). Son películas de Racornelia y Guillermo Quintero, respectivamente. Escribimos en Los Experimentos sobre MACDO (México-Grecia, 2025), el primer largometraje de la artista y cineasta mexicana, que el año pasado se estrenó en el FID. También sobre el más reciente largo del realizador colombiano, Relicto (Francia-Colombia, 2026). 

Racornelia ha dicho que comenzó a rodar Dentro de lo azul en 2018, como parte de un tríptico escrito por Kim Pamintuan cuya primera parte es Pond Illusion (México-Canadá, 2018). Son historias del amor de una pareja de chicas de la que en Dentro de lo azul queda el recuerdo melancólico, después de la ruptura. El título refiere a la relación del color con esos sentimientos. 

El corto termina con la canción “Ven a buscarme temprano” de Rebe, que no solo evoca nostálgicamente la tradición de la balada romántica española sino que expresa el amor de un modo franco y espontáneo. Es algo significativo respecto a las historias de amor lésbico, que suelen esconderse. Por otra parte, es un nexo con la cultura popular de la telenovela de MACDO, lo que incluye el tipo de consumo al que alude el título con su referencia a los McDonald’s. 

El tono de la canción está en sintonía en particular con uno de los recuerdos que integran el mosaico que es el relato, y que es una cruel travesura infantil. Hay una escena, en la cocina, en la que la amante despechada descarga su frustración con un cuchillo sobre la carne que corta, que evoca claramente el melodrama. Son maneras de desidealizar amores como los lésbicos cuando se los representa como parte de la agenda progresista de defensa de identidades y derechos. Pero la dominante es la tensión con el uso de los recursos formales como correlato de la memoria y los sentimientos, que va hacia la abstracción. 

Hay algunos de esos recursos que podrían tener un sentido metafórico, como la visión borrosa resultante de filmar a través del agua, lo que vinculo con el motivo de la pecera. Es una manera de expresar lo asfixiante y conflictiva que puede ser la convivencia de cualquier pareja. Con respecto a la melancolía del recuerdo, parece casi como una traducción del “dentro de lo azul” del título. 

Pero lo más resaltante es la integración de la textura visual que de este modo se consigue con el uso de las superposiciones de imágenes y los diálogos desincronizados en loop para construir un espacio-tiempo que cobra, por sí mismo, un aspecto abstracto que trasciende la referencia a los recuerdos. 

Es una tensión que percibo, sobre todo, en los colores. Una referencia que me viene a la mente es la trilogía Azul, Blanco y Rojo (1993-1994), de Krzysztof Kieslowski, por el vaciamiento del significado que se les atribuye por referencia a la bandera y el lema de la República Francesa. Aquí son los sentimientos los que se abstraen del drama y se hacen pura forma, un bello juego de texturas, colores y ritmo, de repeticiones en el espacio y el tiempo. 

Encuentro en esto una sugerente revisión del llamado “cine del look”, pero sobre todo veo una profundización en las formas sentimentales exploradas irónicamente por Racornelia en MADCO. La película es así también reveladora del poder que tienen la balada pop, la telenovela y la imagen electrónica digital de conformar nuestra sensibilidad y nuestros sentimientos. Me arriesgaría incluso a decir que también prosigue y ahonda Racornelia tendencias a la abstracción que afloraban en el melodrama clásico mexicano, en películas como Salón México (1949), de Emilio Fernández.


Boyuna es una película muy diferente de Dentro de lo azul, pero también trata de la imagen y el sonido, y su relación con los sueños y las aspiraciones, de libertad en este caso. Es un documental que se hizo en el marco de un programa de cultura penitenciaria en Francia, con la participación de reclusos que se encuentran en la fase previa a la recuperación de su libertad. Se inscribe en la que Bill Nichols llamó “modalidad performativa”, siguiendo un camino parecido al de Lola Arias en Reas (Argentina-Alemania-Suiza, 2024). 

Otra referencia, por lo que respecta a la creación colectiva de la historia, son las películas de ciencia ficción comunitaria de Adirley Queirós en Brasil. De eso se desprende el tópico de la corporación que, en un futuro no muy lejano, oferta la posibilidad de vivir experiencias virtuales con una naturaleza extinta, en particular por lo que respecta a los paisajes de zonas tropicales. Lo llaman “fuga”, expresión significativa en el contexto de producción de la prisión. 

Esta historia genérica deviene reflexión en torno a lo real y lo virtual, los sueños y, sobre todo, los sentidos, con recursos que enrarecen los relatos de las “fugas”. Los hallamos en la representación de los personajes como siluetas contra fondos que evocan las background projections del cine, aunque en la puesta en escena no vemos que estén frente a pantalla ninguna sino sometidos a sensaciones sonoras. Hay una desestabilización sensorial en esta sinestesia, una capacidad de escuchar imágenes que refiere a la imaginación y, por ende, también a la experiencia de los presos con el espacio y el tiempo fuera de la cárcel, que son el mundo de la vida ordinaria, interrumpida por la condena. 

Más allá de eso, la experiencia virtual moderna se homologa por momentos con la ancestralidad y lo chamánico, lo que también desestabiliza el tiempo histórico. La falla del sistema, de rigor en estos relatos, tiene como efecto que la “fuga” se invierta y borre la separación entre el laboratorio real y la naturaleza virtual. Mientras que los personajes son siluetas cuando el sistema los transporta a los paisajes naturales perdidos, los animales aparecen en los espacios humanos, pero con un aspecto real que también se desestabiliza. 

De la llamada en el corto “fuga” vamos así a un estallido del sentido común de lo real. Yendo más allá de las que, basándonos en prejuicios, podríamos suponer que son las preocupaciones y aspiraciones de presos comunes, entramos en un terreno de conciencia en torno a la sensorialidad y el conocimiento del mudo que podemos tener por medio de las imágenes y los sonidos. Es algo que plantea cuestiones en torno a la posnaturaleza, la poshumanidad y la sensorialidad misma, así como también a la ancestralidad y a la reconciliación con lo natural, además de los temas del ecologismo y el poder de las corporaciones de conformar nuestros sueños y nuestra realidad. 

Hay una exploración aquí singularmente profunda de las posibilidades del documental performativo y la expresión de identidades con la que se lo asocia. En vez de plasmar espectacularmente lo que ha de suponerse que las presas quieren ser, sus sueños de libertad, como ocurre en Reas siguiendo el camino del género musical, lo que encontramos aquí es un vértigo que homologa situaciones de interacción con el mundo virtual que se han hecho parte de nuestra vida cotidiana con la experiencia carcelaria. No hay una mirada humanista a los reclusos, sino preguntas sobre el mundo que para nosotros es real y en el nos suponemos libres, y al que ellos se preparan para regresar.

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