“I Couldn’t Draw You a Map” de Yaela Gottlieb y “Gestos para romper una imagen” de Mayra Villavicencio

 

Por Pablo Gamba 

En la competencia Flash del FID de Marsella se estrenaron I Coundn’t Draw You a Map (Alemania-Kosovo, 2026), de Yaela Gottlieb, y Gestos para romper una imagen (Perú. 2026), de Mayra Villavicencio. Son cortometrajes de realizadoras peruanas que además tienen en común el interés por el territorio, la imagen y cómo los atraviesan los conflictos políticos actuales. 

Lo biográfico es parte también de I Couldn’t Draw You a Map como es lugar común en el cine de autor contemporáneo. La película tiene la forma de un diario de la viaje de la cineasta a Mitrovica. Fue posible por una residencia artística, pero por otra parte está vinculado con una ruptura sentimental. 

En esta ciudad de la República de Kosovo, cuyos habitantes del norte se consideran serbios en su mayoría, y albanokosovares los del sur, la división geográfica y urbana se establece en torno a un río y el puente que debería unir sus márgenes. El estado balcánico se declaró independiente en 2008, después de estar bajo la protección de la OTAN y de la ONU desde el fin de la guerra que lo separó de Serbia en 1999. Pero el conflicto entre la mayoría de kosovares albaneses y los serbios no ha cesado, y la partición de la ciudad se estableció formalmente en 2013 con dos municipalidades diferentes. 

Hay un registro de cómo el paisaje urbano refleja esa realidad en este film, con un contrapunto lúdico entre estatuas que eisensteinianamente parecen señalar en las respectivas direcciones contrarias, norte y sur, por ejemplo. También entre la iglesia ortodoxa del norte y la mezquita del sur, lo que pone de manifiesto la división religiosa, entre otras que son parte del conflicto. 

La doble nacionalidad del personaje de la cineasta le da una perspectiva distante desde la que observa a Mitrovica, que puede resultar muy extraña para la mayoría de los latinoamericanos. Pragmáticamente, recurre a sus dos pasaportes, el peruano y el rumano, según sea el que mejor se recibe en la parte de la ciudad que visita. Finalmente, a manera de conclusión irónica de su diario de viaje, hace una síntesis de lo que es necesario para romper una ciudad: a) un río, b) un puente, c) la misma historia, contada dos veces. 

Pero esta ironía está en tensión con la tristeza que la atraviesa y la rompe a ella. También con la imposibilidad de trascender con el humor el conflicto internacional, como se evidencia en su “encuentro con la OTAN”, su diálogo con uno de los soldados de la alianza de potencias occidentales que todavía patrullan Kosovo y que significativamente se reproduce en off. Escuchamos allí una forma de hablar, un acento que la delata como “falsa europea”. También lo evidencia la filtración del español en el inglés de los subtítulos, acompañados de trazos a mano que contrastan con las letras de molde. 

Algo más inquietante encontramos en el uso de dos formatos de video, HD y MiniDV. Es como si la película también estuviera quebrada, dividida de este modo. Por referencia al texto sobre la ruptura de las ciudades, vemos que es como si la misma historia estuviese contada dos veces de forma diferente, como se hace evidente en la repetición un plano, al final del cortometraje. 

La división, en tanto motivo dominante de la pieza, no solo desborda así lo político sino que hace que las duplicaciones cobren el aspecto espectral que tienen los dobles, en tanto atraviesan análogamente la historia de Mitrovica, la personal y el cine, inclusive, para producir dos ciudades, dos ciudadanías, dos filmes, pero que no dejan de ser, en todos los casos, la misma o el mismo. Es en este punto en el que la lucidez irónica verbal se hace resbaladiza, en el que la claridad orientadora que permite dibujar un mapa para explicar algo se vuelve imposible. Allí cobra su valor revelador esta película, lo que consigue, además, de un modo característicamente contemporáneo, construyendo un pensamiento que solo puede tener lugar en la forma del film.


La división territorial es también un aspecto clave de Gestos para romper una imagen. El corto de Villavicencio se presenta como un ensayo sobre la represión del estallido social que se produjo en Perú entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, después de la destitución por el Congreso del presidente Pedro Castillo, hecho desde la distancia de España, donde la cineasta se ha radicado. 

Se calcula que alrededor de 50 personas murieron por la represión del estallido, casi todas ellas en las provincias andinas del sur del país. En la película vemos una Lima de la normalidad por medio de una práctica que se reitera en el cine contemporáneo y que es la de recurrir a Google Street View. Pero hay una desfamiliarización que se produce cuando los desplazamientos de la navegación deforman automóviles y edificaciones, haciendo patente la artificiosidad de la representación. Esas figuras, que en su contexto online tienen la función de referencia que las asocia con la estabilidad de los mapas, pero que extrañamente se estiran, se deforman al “navegarlas”, son reveladoras, en la búsqueda de la cineasta, de otros dispositivos que cuestionan su normalidad: las más de 3500 cámaras de vigilancia que han sido instaladas en la ciudad. 

Gestos para romper una imagen se inscribe, así, en un documentalismo que sigue el camino de pensamiento sobre las imágenes de Harun Farocki. En este caso, la pregunta es qué hacer con los registros de la represión, como impugnar la manera de operar, igualmente represiva, que tienen las imágenes. 

Pero el gesto al que refiere el título deja abiertas preguntas acerca del poder de romperlas que hoy pone a nuestro alcance la electrónica. No puedo dejar de ver en las intervenciones de la cineasta, borrando represores, un correlato sintomático de su ausencia del lugar del conflicto, que en España es análoga a la de los que se mantienen al margen de las luchas allí mismo donde ocurren. El pensamiento que expresa no deja de evidenciar un vacío que lo socava, la falta de una acción que conlleve el salto de las imágenes a “poner el cuerpo”, el propio, en vez de borrar otros.

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