“Sabes de mim, agora esqueça” de Denise Vieira
Por Pablo Gamba
Sabes de mim, agora esqueça (Brasil, 2026) fue la ganadora del premio a la mejor ópera prima en el FID de Marsella. Se estrenó en enero, en la Mostra de Tiradentes, en Brasil, y es el primer largometraje que dirige Denise Vieira.
En el contexto del cine latinoamericano, la película se distingue por la manera como trabaja el tema de las prostitutas y su oficio. Por un lado, se aparta de los caminos de la ficción del que en Los Experimentos hemos llamado un “cine cívico”. Son filmes destacados de este tipo el drama de una trabajadora sexual y madre Alanis (Argentina, 2017), de Anahí Berneri, o Las elegidas (México-Francia, 2015), de David Pablos, que se enfoca en la cuestión de la trata, por ejemplo. También se diferencia por su narrativa de documentales como Salir de puta (Argentina, 2021), de Sofía Rocha, que tratan el tema moralmente disruptivo del trabajo sexual, pero de un modo estéticamente convencional.
Vieira recurre a tópicos del cine hegemónico, en particular del thriller, pero para ponerlos en tensión con un relato en el que la dominante es una imaginación que los subvierte. Plantea una controversial versión feminista del trabajo sexual, en la que el burdel es imaginado como un lugar de refugio y resistencia en torno a un personaje mítico y mágico. Contextualiza la prostitución entre las actividades laborales femeninas, y en los procesos de modernización que produjeron los ferrocarriles y ciudades como Brasilia.
Con solo un corto, aparte de este largo, en su filmografía como directora, Meio fio (Brasil, 2014), Vieira integra desde 2010, como directora de arte, el Coletivo de Cinema de Ceilândia (Ceicine), que lidera Adirley Queirós en la localidad del mismo nombre, una de las que llaman “marginales”, en las afueras de la capital del Brasil. El grupo ha sido un importante impulsor y renovador del cine de las periferias urbanas de Latinoamérica con películas como Branco sai, preto fica (Brasil, 2014), de Queirós, y Mato seco em chamas (Brasil-Portugal, 2022), codirigida por él y Joana Pimenta. Es un cine artesanal que se ha conformado como una alternativa, de circulación en festivales, a las grandes producciones brasileñas de directores como Walter Sales o Kleber Mendonça Filho que han disputado y ganado el Oscar, así como también a las producciones industriales independientes de rango medio que son la mayoría en países donde el Estado apoya al cine, como Brasil.
Las películas de Queirós han incorporado a sus amigos de Ceilândia o a exreclusas de Brasilia a la realización de los filmes como actores, actrices y en la creación de las historias. Confrontan las representaciones estereotipadas de ellos y del Brasil con la que el cineasta ha llamado “etnografía de ficción”. Recurren con este fin a la ciencia ficción distópica, pero no como síntoma de resignación fatalista sino para imaginar potenciales de resistencia y liberación.
Sabes de mim, agora esqueça se deslinda de este modelo artesanal en tanto está interpretada por actrices profesionales. Sin embargo, recorre un camino análogo por lo que respecta a la producción de bajo presupuesto y a la búsqueda del potencial liberador en el estigma que rodea al trabajo sexual. Se decanta desde el comienzo por un enrarecimiento de la representación. Contextualiza también este film en el cine contemporáneo que desestabiliza lo que se presenta como real en el capitalismo, pero no recurriendo en este caso a los ya lugares comunes de la espectralidad sino a una fantasía feminista.
Con este fin, la película juega con el tren en la banda sonora, en correlación con la que parece una historia de suspenso que comienza con una fuga apresurada, por ejemplo. Después lo hará, en el prostíbulo, con el ruido de la máquina de coser, lugar común en torno al trabajo femenino. Desborda la función que podría tener la costura como tapadera del burdel clandestino, homologando la prostitución con las formas aceptadas de labor de las mujeres.
Algo análogo ocurre con la luz en la primera de las escenas que se desarrollan en torno a la persecución de las prostitutas. Las acosan hombres que no queda claro si son vigilantes privados, policías o integrantes de una brigada “moral” parapolicial. Es un borramiento que también cuestiona distinciones que se suponen claramente establecidas en un “estado de derecho”, y no es así. Son reveladoras de que la posición ante la ley de hombres y mujeres no es igual.
Usan esos tipos linternas que rasgan la oscuridad de la noche, como es lugar común en los thrillers, e iluminan también hacia la cámara, lo que produce el efecto contrario de ocultar lo visible con la luz. Más que hechos de la ficción que se inscriban en una trama claramente articulada, lo que se consigue allí es crear una atmósfera que trasciende ese contexto por abstracción y apunta hacia las expresiones violentas propias del conservadurismo político que vemos hoy.
La historia apenas esbozada que hay en Sabes de mim, agora esqueça se desarrolla como una fuga que culmina con el rescate de las mujeres por una madama con nombre característico de su oficio, Margô. De ella se dice que tiene 258 años, y que ha muerto y revivido 50 vidas, fórmula ingeniosa que creo que traduce aquello de “el oficio más viejo del mudo”, pero que es un presagio también de los poderes mágicos de las mujeres en su establecimiento.
No queda clara la ubicación del burdel con relación a la ciudad. A efectos del rodaje, fue un establecimiento de ese tipo abandonado en Ceilândia. El lugar del encuentro de otra fugitiva de los linternas, Rubia, con Margô, sugiere un entorno periférico entre lo urbano y lo rural, que me refiere a A margem (Brasil, 1967), de Osualdo Candeias, una obra maestra del cinema marginal.
También es un espacio liminar entre lo real, lo alegórico y lo fantástico el burdel. No solo por la señalada confusión con el taller de costura sino por su interior laberíntico difuso. Hay allí una puerta enrejada, como si fuera de una cárcel. Parece el único indicio del rigor disciplinario de la trata. Pero cerca de allí hay otra puerta que es como un portal mágico a otra dimensión, aunque inquietantemente parecido a un lugar donde se incinerarían los desechos.
Ni las paredes ni la fuerza de gravedad parecen ser barreras para los superpoderes que las mujeres tienen en el establecimiento de Margô. Hay algo más sutil de eso en la manera como las chicas, empoderadas, hacen del oficio una expresión de sus propias fantasías sexuales. Se las imponen a sus clientes, como lo hace una dominatrix que lidia con un personaje que parece ser un policía, o disfrutando de ser dominadas, como ocurre con Rubia. En su caso, una escena anterior es reveladora de su gusto por el dolor para que quede claro lo que ocurre entre ella y el cliente que la amarra es goce para la mujer.
Las escenas sexuales son otro de los hallazgos de esta película por la desestabilización de los tópicos del cine erótico para varones que inevitablemente evocan. Es también significativo que la fantasía no haya dado la construcción de vínculos sentimentales entre las prostitutas y sus clientes, como en The Girlfriend Experience (2009), de Steven Soderbergh, con la actriz porno Sasha Grey. Esas parecen ser ilusiones típicamente masculinas que no interesan a las chicas. Ellas se decantan por el puro disfrute sexual y lúdico.
Escrita y dirigida por una mujer, interpretada por mujeres que también fueron partícipes en la creación de sus personajes, Sabes de mim, agora esqueça es reveladora de espacios de libertad femenina que el cine aún explora marginalmente. Nos enrostra a los varones el pudor que aún rodea las historias épicas de la liberación masculina, como la de Branco sai, preto fica, inclusive, entre cuyos personajes principales, sintomáticamente, no hay ni una mujer. Diría que lo mismo ocurre, inclusive, con todo ese discurso patriarcal científico “etnográfico” que justifica, con referencia a esa película, la fantasía que aquí se despliega con un desenfado provocador, pero también travieso.


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