“La búsqueda de la inmortalidad” de Nicolás Zukerfeld y “Aquiles era um twink” de Henrique Domingues
Por Pablo Gamba
En uno de los programas de la competencia del Fenda, Festival Experimental de Artes Fílmicas de Belo Horizonte, Brasil, se presentaron La búsqueda de la inmortalidad (Argentina, 2026), de Nicolás Zukerfeld, y Aquiles era um twink (Brasil, 2026), de Henrique Domingues. El primero se estrenó en el Festival de Jeonju, en Corea del Sur; el segundo en Kinoforum, en São Paulo.
Recientemente escribimos sobre otra película de Zukerfeld, Un hombre se tira al agua (Argentina, 2026), que se exhibió por primera vez en el FID de Marsella. Es también el director del film-ensayo de largo metraje, No existen treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo (Argentina, 2020), y ha hecho una serie de cortos con Malena Solarz.
La búsqueda de la inmortalidad se presenta como una película estructural. Recurre a la técnica del frame by frame, de filmar fotograma por fotograma, con una cámara Bolex de 16 mm, para “llevar a la pantalla”, como dice el lugar común, un libro. Percibo en esto un toque de humor que se agradece en un film de este tipo. Las obras estructurales pueden parecer sumamente áridas.
Hay un juego entre el tiempo, al que refiere el título del libro homónimo enciclopédico de Time-Life que Zukerfeld filmó, y su registro como objeto, en el espacio. Christian Metz escribió sobre la descripción que “transforma un espacio en un tiempo”, y es lo que ocurre aquí de un modo desestabilizante.
Los fotogramas nunca abarcan páginas completas, ni tampoco las tapas, en su amplitud de campo. Por lo tanto, a la división del contenido en capítulos y páginas, y estas en textos gráficamente separados e ilustraciones, se añade la fragmentación que resulta del modo de encuadrar. De esta manera también se abstrae el objeto que es el libro del espacio que ocupa, como si se disolviera completamente en un tiempo que resulta demasiado acelerado para describirlo.
Entiendo que el frame by frame es a razón de un fotograma por página, con la excepción de la portada y la contraportada, que duran considerablemente más.
El tema de la inmortalidad lleva así al otro aspecto llamativo del corto de Zukerfeld. Es la analogía entre la búsqueda de la que trata el libro y su filmación; una imposibilidad respecto al tiempo limitado de la vida, otra, de disolver el espacio en un tiempo sin tiempo, fragmetándolo y deteniéndolo en cada frame. Por la rapidez del desplazamiento de la película, es como si fuesen esquirlas de una eternidad que se persigue también con la aceleración, como teóricamente el tiempo se detendría a la velocidad de la luz.
La búsqueda de la inmortalidad es, en síntesis, una película que nos recuerda la vigencia del cine estructural, que en Argentina tiene una tradición que se remonta a comienzos de los setenta, con Narcisa Hirsch como pionera. Me refiero al protagonismo que da a la experiencia del espectador o espectadora; a su interés, aquí, por explorar las fricciones entre los dispositivos de filmación y lo que se aspira a registrar con ellos; a la consecuente desfamiliarización de la percepción habitual del cine y el mundo, y cómo estimula el pensamiento.
Aquiles era um twink es también una película desestabilizadora de la percepción y, en este caso, además de un mito, el de Eros y Psique. Se trata de una pieza característicamente queer, que conjuga el cuestionamiento del binarismo de los géneros con la subversión de las convenciones de la representación. Recurre a la maleabilidad de la imagen electrónica, a su capacidad de absorberlo todo con la digitalización, en una alta resolución que es vulnerable a los eventuales virus del soporte, y que se halla en tensión con la fragmentasión visual y la distorsión sonora.
El texto escrito en la pantalla acompaña en esta pieza a un relato audiovisual híbrido, cuya versión más conocida se subvierte con un giro hacia lo queer por lo que respecta a la mutación de los géneros y los cuerpos. Los lugares comunes de composición del videoarte se conjugan con fragmentos de Troya (2004), con Brad Pitt, y Sebastiane (1976), de Derek Jarman, y el que parece un fragmento de un montaje teatral. En este último caso, además, hay monitores que introducen la imagen digital en la puesta en escena y crean una representación cubista del espacio.
La distinción entre lo que es cultura y lo que es basura se subvierte en el collage de videos pornográficos con obras maestras de la pintura. Abarcan desde el lugar común de El nacimiento de Venus, de Sandro Boticcelli, hasta Cupido y Psique, de Jacques-Louis David. Irónicamente, también algunas de la 17 versiones de Caballo atacado por un león que pintó George Stubbs, como posible comentario sobre la infinidad de variaciones posibles en torno al mismo tema.
De este modo la pieza despliega lo queer no narrativamente, de la manera como los mitos operan para tratar de dar sentido a cuestiones enigmáticas y problemáticas de la vida humana. Lo hace performáticamente con su desestabilización constante, planteando preguntas y abriendo juegos. Esta búsqueda no es original ni es una pieza completamente lograda Aquiles era um twink. Pero la perfección puede ser contradictoria con lo queer. La carrera de Henrique Domingues apenas comienza, y ha empezado a hacerse conocido también por Melancolya Canybal (Brasil, 2025).


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