“El oído absoluto” de Rafael Federman y “Pies al revés” de Elodie Arpa
Por Pablo Gamba
Los cortometrajes El oído absoluto (Argentina, 2026) y Pies al revés (Suiza, 2026) fueron parte de Cinemancia, festival de Medellín, Colombia, y su área metropolitana. Rafael Federman estrenó el primero en Indielisboa. Es su película de debut como único director. Se lo conoce principalmente como actor de filmes como Dos disparos (Argentina-Chile y otros países, 2014), de Martín Rejtman, o La sociedad de la nieve (España, 2023), de Juan Antonio Bayona, e interpreta el papel principal en El oído absoluto. En Cinéma du Réel se presentó por primera vez Pies al revés, que es la ópera prima de Arpa. Es una cineasta suiza con formación en la EICTV de Cuba y la Elías Querejeta Zine Eskola de San Sebastián, en la que cursa un máster Federman.
El oído absoluto se inscribe en la búsqueda contemporánea de nuevas formas de contar historias y juego narrativo. Hay un regreso irónico a la situación de crisis del protagonista y la deriva a través de la cual se expresa, pero con un giro de lo psicológico a lo fisiológico y de la representación incierta moderna a una explicación característica de la claridad clásica, al comienzo de la historia, del médico que atiende el problema auditivo del personaje: “Cuando menos escuchás lo que pasa alrededor, más escuchás lo que te pasa dentro”.
Podría verse, incluso, una analogía entre la descripción que hace el doctor del oído con el tímpano roto y otros daños ‒y los planos de endoscopia que la ilustran‒ y la ruptura con la narrativa moderna de personajes en situación límite. El principal logro del corto de Federman es cómo el dramatismo de ese otro contexto se abre sutilmente al humor de esta manera. El mejor ejemplo es una cómica escena de terapia psicodramática, en la que el protagonista se enfrenta con personajes que representan el accidente, el síntoma y a la madre.
Hay también en El oído absoluto un homenaje al uso narrativo del sonido con que se caracteriza el cine de Lucrecia Martel, en particular a La niña santa (Argentina-España y otros países, 2004), por lo tocante a escena de la audiometría y el motivo de la música. Sin embargo, eso deriva aquí hacia un juego con la distinción ambigua entre sonido diegético y extradiegético, y el establecimiento de una armonía musical entre el personaje y lo que lo rodea.
En el grupo donde cristaliza esa armonía identifico otra característica de El oído absoluto. Es una película que parece hecha para reunir en torno a Federman a algunas figuras del cine independiente y el teatro, reconocibles para la cinefilia argentina. Actúa Diego Velázquez, que hizo el papel principal de La larga noche de Francisco Sanctis (Argentina, 2016), de Francisco Márquez y Andrea Testa, en la que también trabajó el director del corto. Están Inés Efron, actriz de XXY (Argentina y otros países, 2007), de Lucía Puenzo, y La mujer sin cabeza (Argentina y otros países, 2008), de Lucrecia Martel, y María Villar y Gabriela Saidon, conocidas por las películas de Matías Piñeiro.
Pero así como la manera de narrar y esta presencia actoral ubican a El oído absoluto en la actualidad de la cinematografía argentina y latinoamericana, no ocurre lo mismo con respecto a los problemas que afrontan hoy Argentina y su cine. Frente a ellos adopta una posición que sigue la vieja tradición del nuevo cine argentino de “rechazo al cine de tesis, trayectoria algo errática de la narración, personajes zombies inmersos en lo que les pasa, omisión de datos nacionales contextuales, rechazo de la demanda identitaria y la demanda política”, que señala Gonzalo Aguilar en su libro de referencia Otros mundos.
Pies al revés responde a una búsqueda en torno a la relación de los seres humanos con la naturaleza. Sigue en esto otra vertiente del cine contemporáneo, la de las inquietudes ambientales y el cuestionamiento del antropocentrismo. Esto último se expresa a través de la sensorialidad del estilo, que también responde a un impulso característico del documentalismo actual. Aunque la realizadora no es colombiana, el corto se inscribe, como tantas películas recientes de ese país, en un interés por la territorialidad y lo biocultural.
La mayor virtud de Pies al revés está en la construcción del punto de vista cuestionador de la etnografía tradicional desde el que observa a las personas de la comunidad indígena de Santa Clara, cercana a Puerto Nariño, en el Amazonas colombiano. Es como la mirada y la escucha de una criatura anfibia que percibe entre debajo del agua y la superficie, con la cámara a una altura que podría corresponder a la de un perro en las escenas en una “discoteca” local, manteniendo una significativa distancia, entre la vegetación, en la selva.
Los planos en los que se juega con la abstracción de la profundidad y la distorsión que causa la observación de la superficie, desde apenas un poco debajo del agua, son notables. También el trabajo con la luz en los planos nocturnos; la cámara en mano, cuyo constante movimiento transmite la impresión del cuerpo que sostiene una mirada; las construcciones sonoras de los espacios, y todo lo que respecta a los aspectos técnicos de esta película.
Hay una escena que me parece culminante por lo que respecta a la relación de los personajes con el entorno. Unos niños trepan a un árbol para lanzarse de sus ramas al agua de una laguna. Vistos en siluetas, a contraluz, en el ocaso, parecen monos. Es una impresión que refuerza el sonido. Allí el corto pierde un poco, para mí, su delicado equilibrio. Se desliza de lo biocultural a lo biológico, hacia una observación de nuestra especie análoga a la que hallamos en Eduardo Williams, en películas tituladas, significativamente, El auge del humano (Argentina-Brasil-Portugal, 2016) y El auge del humano 3 (Argentina-Brasil-Perú y otros países, 2023), sobre cuyos problemas he escrito en Los Experimentos.
Otra cuestión es que el enfoque omite la problemática y los conflictos que rodean la resistencia de los pueblos originarios del Amazonas. La belleza del lugar, por ejemplo, es imán para turistas cuyas visitas no dejan de tener un impacto ecológico, cultural y social, y no vemos esto en Pies al revés. Lo que sí logra la película es hacernos sentir la selva como si fuéramos parte de ella.


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