“La libertad doble” de Lisandro Alonso
Por Pablo Gamba
La libertad doble (Argentina, 2026) fue la película de apertura del Festival Internacional de Cine de la Universidad de Buenos Aires. El film de Lisandro Alonso se presentó por primera vez en la Quincena de los Cineastas del Festival de Cannes al cumplirse 25 años del estreno de La libertad (Argentina, 2001), del mismo realizador, en la sección Una Cierta Mirada del certamen.
Podría decirse que La libertad doble es una secuela de esa otra película, que adquirió un estatus mítico en el marco del naciente nuevo cine argentino y los filmes latinoamericanos renovadores que comenzaron a lanzarse en festivales internacionales entonces. Los ejemplos emblemáticos son La Ciénaga (Argentina, 2001), de Lucrecia Martel, y Japón (México, 2002), de Carlos Reygadas, de los que hemos hecho extensos análisis en Los Experimentos.
Misael Saavedra, el protagonista que hace de sí mismo en La libertad, vuelve como no actor en el papel principal, en buena medida repitiendo su personaje, en la primera parte de La libertad doble. El giro se produce en la segunda parte, cuando entra en la historia Micaela, su hermana en la ficción. La interpreta Catalina Saavedra, que tuvo el papel protagónico en otra película clave del ascenso del cine de América Latina a comienzos del siglo XXI, La nana (Chile, 2009), de Sebastián Silva, ganadora del Premio Especial del Jurado en la competencia internacional de ficción del Festival de Sundance.
Esta es la primera novedad: el trabajo junto con una actriz de Misael Saavedra, que cuando se filmó La libertad era un hachero que laboraba en un campo propiedad de la familia del director. Esa otra película le hacía seguimiento a lo largo de toda una jornada. El contraste con la intérprete profesional aquí se aprovecha productivamente con el personaje de la hermana, una paciente psiquiátrica que estaba internada, a la que el hospital transfiere al cuidado de Misael por causa del recorte presupuestario. Permite sacar partido de la habilidad de Catalina Saavedra para representar el trastorno de Micaela en contrapunto con la naturalidad del intérprete del papel protagónico del film, pero si que haya solución de continuidad que afecte el estilo.
Pero lo más significativo es otro contraste que hay entre La libertad y La libertad doble: la relevancia que cobra aquí el contexto social explícito de la crisis económica del país. Hace referencia a la situación actual de Argentina como consecuencia del ajuste de la economía del gobierno de extrema derecha de Javier Milei. En la película anterior, que se estrenó un año en que una crisis análoga más grave devino en un colapso general ‒un estallido social y su represión sangrienta, que desestabilizaron el régimen político con la sucesión de cinco presidentes en once días‒, esto se escamoteaba en la historia.
La libertad se concentraba en la exploración de las nacientes narrativas latinoamericanas “de flujo” (Stéphane Bouquet), en “espacio, tiempo y cuerpos antes que historias” (Isaac León Frías) y en los siempre controversiales bordes del documental observacional y la ficción neorrealista. Pero la referencia del título no dejaba de plantear preguntas, y lo sigue haciendo. Una puede ser sugestiva, por el vuelo de la cámara a través del lugar en un plano secuencia sorprendente que se desarrolla mientras Misael duerme la siesta. ¿Es una metáfora del sueño o una libertad que adquiere el cine respecto a la observación del personaje? Otra, incómoda, en torno a si puede considerarse libre la vida solitaria del hachero en la estancia de sus patrones.
Mucha tinta ha corrido, en consecuencia, con motivo de La libertad, a pesar de que hoy, para mí, se presenta como una obra menor que La Ciénaga o Japón. Pudo haber sido más interesante, quizás, si Alonso hubiese conservado el plano final de ese film ‒rescatado en La libertad doble‒, en el que el no actor ser ríe a carcajadas en una situación que revela su conciencia de la actuación. Es algo que contrasta con el final que quedó, en el que el día del hachero termina comiendo un animal cazado y asado rústicamente, en la oscuridad de la noche que rasgan los relámpagos de una tormenta inminente, que no es alegórica sino una oportunidad de despliegue de lo sensorial del cine. La fuga de lo social parece sellarse allí con un giro hacia lo mítico cósmico.
En La libertad doble, la crisis se hace patente en la historia con las prácticas rutinarias del hospital donde estaba recluida Micaela, cuando todavía “funcionaba” resistiendo los recortes. Es algo que refiere el médico que recibe a Misael, pero lo vemos en un paciente semidesnudo, paralizado. Lo que se hacía en esas circunstancias era básicamente someter a los internos a un tratamiento paliativo cuyo principal objetivo era controlarlos. En ese contexto, lo que cuentan de Micaela la dibuja como un caso problemático por su tendencia a fugarse para ir en busca de un tren recordado o imaginado.
Me parece que esto abre la perspectiva de una lectura de La libertad doble casi como un intento de aclarar los malentendidos en torno a la cuestión o hasta como una autocrítica, quizás. Hay una nueva pregunta moral y existencial sugerente respecto a la libertad y la soledad, cuando toca hacerse cargo de otro. Hallamos, en consecuencia, una problematización de la libertad como condición individual, hacia la que en esta película el adjetivo “doble” del título apunta casi tan provocadoramente como el sustantivo en la primera.
Queda claramente planteado esto cuando Micaela se instala en la cama de Misael a dormir, y lo obliga a echarse en el piso de tierra, cubierto con un plástico, precariamente arropado para una noche de marzo, final de verano o comienzo del otoño en el Sur. Sería muy diferente en invierno. Pero no ocurre sino al final, sin que se desarrolle el cambio en la vida del hachero. Otro problema es que la llegada de la hermana se presenta como una perturbación de la vida de Misael, como una injerencia en su aparente libertad de una crisis que aun así parece ajena y lejana a su mundo cerrado, lo que sostendría la representación del estado de naturaleza como espacio separado de la sociedad.
Lo que sí vemos en La libertad doble es la expresión abstracta del conflicto. La dominante formal es la tensión entre la circularidad que describe la rutina del hachero y los trayectos “centrífugos” que comienzan con la búsqueda de Micaela y prosiguen cuando ella se escapa del rancho de Misael. Es una incursión en el monte en la que la vemos interactuar bellamente con un árbol cubierto de musgo, lo que es una manera de captar, desde la perspectiva del personaje, la experiencia de un comportamiento que puede ser peligroso en caso de que se extravíe entre los árboles del campo. Por referencia al vuelo de la cámara de la película anterior, plantea además la pregunta sobre si se puede considerar libertad la repetición rutinaria de las actividades de Misael o si, frente a una realidad como esa, no puede ser sino la fuga delirante de Micaela. Pero la abstracción, de nuevo, escamotea otro aspecto significativos del problema porque la de Misael, como trabajador, difícilmente es libertad.
Podríamos hallar también, sin embargo, una tensión análoga entre el impulso que sostiene los largos planos del cine observacional y la filmación en 35 mm de las dos películas. En el primer caso era una decisión que se inscribía en el objetivo de lanzar La libertad en festivales como Cannes, pero hoy es una opción libre frente al cine digital, que se vincula con la disciplina que imponen las limitaciones del fílmico, por lo tocante a la extensión física de la película. También con el cuidado mayor que imponen los costos del rodaje y la incertidumbre acerca del resultado obtenido, antes del revelado de la cinta.
Quizás es lo más consistente del pensamiento sobre la libertad en ambos filmes, en tanto se refiere a un ámbito en que se puede plantear bien así: el cine. Ocurre también con relación a la observación y el personaje y, en el contexto histórico del estreno de La libertad, por lo tocante a la liberación del cine de los estereotipos del costumbrismo en la representación del pueblo. No pasa lo mismo cuando el título llama a especular sobre naturaleza y sociedad.


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