“Onze Again” de Vinícius Romero y “Salitre não mais!” de Yann Beauvais

 

Por Pablo Gamba 

Onze Again (Portugal-Brasil, 2026) y Salitre não mais! (Brasil, 2026) integran la sección de cortometrajes del festival brasileño de cine y arte experimental Ecrã. Los realizadores son dos cineastas destacados. El de la primera es Vinícius Romero, figura en ascenso en Brasil, con una producción sostenida desde 2020 que incluye dos largometrajes, y cinco cortos y mediometrajes. El francés Yann Beauvais es el autor de la segunda. Su producción fílmica se remonta a la década de los años setenta, pero es más conocido como uno de los fundadores de la distribuidora de cine experimental Light Cone. 

La obra de Romero es una expresión característica del cine experimental contemporáneo por lo que respecta al cultivo de la tradición en la que se basa y su destreza técnica. Entre sus referencias claves reconocibles están el cine de la devoción y el montaje polivalente de Nathaniel Dorsky, una figura que conecta el pasado del cine underground estadounidense con el presente. 

Se inscribe esto en una validación actual del cine experimental en el contexto de los discursos de resistencia, como ha señalado el crítico Pablo Marín. Se presenta como expresión de saberes y prácticas que se confrontan con la obsolescencia programada que impone la lógica industrial-comercial del cine hegemónico. Insiste en usar aparatos y soportes anacrónicos, como el fílmico y el video analógico o digital de baja resolución, y en las técnicas artesanales. 

Hay diversos marcos institucionales que acogen hoy esta búsqueda y definen así el alcance socio-cultural del tipo de resistencia que hay en ella. Un ejemplo es la plataforma portuguesa multimedia Canal 180. Su proyecto Jogo Cruzado convoca a la colaboración de cineastas y músicos. Uno de ellos fue Romero, que hizo la versión silente de este film, y la envió a la artista y compositora experimental estadounidense Ka Baird para que creara el sonido. Lo más significativo es que esta forma comisionada de trabajo permite la difusión libre y gratuita de las piezas que se producen, en este caso por Youtube. 


La película se presenta como una invitación a la participación de Baird con su montaje visual de yuxtaposiciones, superposiciones, repeticiones y variaciones. Recupera la tradición mitopoética del cine underground estadounidense con sus imágenes simbólicas y el juego con el sentido que resulta de sus diversas combinaciones entre sí y con los intertítulos. Pero todo está también en tensión con lo musical, el dominio de la forma en el ritmo. 

No conozco la obra de la compositora, pero el ruido del viento, la campana y la creciente tensión sonora que construye le aportan a la pieza una atmósfera ritual. Si el montaje provee una estructura musical, la música aporta así un dispositivo narrativo para el despliegue de los símbolos que también evoca la tradición del underground estadounidense. Me hace pensar en el cine de Maya Deren o Kenneth Anger. La manera como se conjuga con las imágenes de un libro abierto, el dedo que apunta hacia sus páginas, la ilustración infernal, el círculo y la repetición del “again” en los intertítulos, como “una y otra vez”, construye un misterio en torno a las tres mujeres que son sus personajes. 

De la propuesta institucional del trabajo del cineasta y la compositora resulta, en síntesis, una pieza que no solamente responde al objetivo planteado sino que lo hace con una manea disidente de narrar, profundizando en la relación entre las imágenes y la música. Es otra expresión de resistencia de este cine. 

Salitre não mais! es una pieza en la que convergen dos tendencias experimentales contemporáneas: la ecologista y la que se decanta por el ruido con una radicalidad que llama a buscar, en las imágenes interferidas, lo que no puede estar en ellas sino más allá de ellas. Es algo característico de piezas del Colectivo Los Ingrávidos como Paralaje (México, 2019), por ejemplo.


Se trata de una película digital basada en una instalación que el cineasta presentó en Francia, en 2025. La grabó durante años en el sertão, la región del nordeste brasileño que fue la ambientación emblemática de las primeras obras mayores del cinema novo de los sesenta, el cine de la estética del hambre de Glauber Rocha. Se caracteriza por un ecosistema árido único en el mundo, la caatinga. Hoy está amenazado por el avance de la desertificación que causa el calentamiento global, pero también por la extensión de la explotación a gran escala de la tierra, que deforesta y concentra el uso del agua, y las quemas. 

Hay en esta pieza planos de inmersión en la caatinga, abriéndose paso entre las ramas secas de los árboles y arbustos, con una referencia en el sonido. Los desplazamientos de la cámara acentúan la impresión de realidad con una sensación de “estar allí”. Pero la dominante es la interferencia de esto con la superposición de imágenes, su disposición invertida, de manera que los árboles parecen prolongarse bajo tierra en las raíces que parecen sus ramas, la distorsión del color, el parpadeo o flicker y la división de la pantalla. Aunque también hay planos con sonido sincronizado explícitamente alusivos a la deforestación que le abre paso al cambio de uso destructor de la tierra, la experiencia sensorial general no testimonia el problema, como lo haría el documentalismo, sino que desnaturaliza las imágenes de la naturaleza para transmitirnos una impresión del deterioro que va más allá de lo que vemos. 

Algo análogo ocurre en el montaje del sonido. La dominante es la evocación de la experiencia de los que vienen de las ciudades y recorren lugares como la caatinga en vehículos que los aíslan del entorno. También hay un sonido que se corresponde con la impresión de “estar ahí”. Pero esto se conjuga con la irrupción del crepitar del fuego y “chispazos eléctricos” en la edición, lo que establece una correlación sonora con las distorsiones visuales de la pieza. 

Hay una tensión entre lo audiovisual y el texto que se despliega en subtítulos a lo largo del corto. Desarrolla una explicación de lo que sucede con la caantiga basada en una contundente combinación datos científicos, ejemplos que permiten apreciar su significado concreto y en el relato de la experiencia de estar allí, sometido a sensaciones térmicas extremas. Irónicamente no aclara que el título refiere al extractivismo del pasado, a la explotación del salitre. 

Este discurso podría considerarse contradictorio con la experiencia sensorial, en tanto desvía la atención de ella. Puede parecer una presencia molesta en el audiovisual. Pero opera de otro modo, y en eso está el riesgo y acierto de esta pieza. El texto por sí mismo tiene un valor que trasciende lo informativo y su interferencia en la experiencia de ver y escuchar es clave para que no se produzca un disfrute puramente estético de la catástrofe. Aprecio en esto la vigencia precisa que sigue teniendo la tradición latinoamericana del cine imperfecto.

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