"Sete anos em maio" de Affonso Uchôa

 

Por Mariana Martínez Bonilla

Sete anos em maio (Siete años en mayo, Brasil, 2019) de Affonso Uchôa se presenta como parte de la décima edición del festival ecuatoriano Cámara Lúcida. Ganador del Premio a la Mejor Película en el Festival Márgenes de 2019, este mediometraje narra la historia de Rafael dos Santos Rocha, una víctima de la violencia policial en Brasil. La cualidad perturbadora de dicha experiencia es abordada a través de un mecanismo narrativo en el que la ficción y lo documental se diluyen para entregarnos un formato híbrido que tiende hacia la problematización del naturalismo característico de los filmes que tematizan este tipo de problemáticas sociopolíticas.

Además del premio de Márgenes ‒cuyo jurado subrayó la precisión con la que el filme articula tres registros formales distintos para narrar un mismo hecho traumático‒, el filme obtuvo el galardón del Jurado de la Société des Hôteliers de la Côte a mejor película innovadora en la competencia internacional Burning Lights en Visions du Réel, y circuló en otros festivales internacionales.

En términos generales, nos encontramos ante una película formalmente que demuestra, tanto a través de su forma como de su temática, que alzar la voz sobre la violencia policial y gubernamental sigue siendo necesario. He ahí su vigencia, a casi siete años de su estreno oficial.


Lo primero que llama la atención es la manera en que Uchôa hereda y radicaliza los procedimientos ya ensayados en sus filmes anteriores: A vizinhança do tigre (2014) y Arábia (2017). Como afirmó en su momento Cláudia Mesquita, el filme entero puede leerse como un esfuerzo por dar forma a una experiencia traumática que se resiste a ser contada de una sola vez, y que por eso exige repetirse y reinventarse. Ello no es un simple recurso formal; es la respuesta a la imposibilidad de narrar linealmente un episodio de desaparición forzada y tortura sin traicionar la naturaleza fragmentaria de la memoria.

El plano inicial ‒una caminata nocturna filmada casi en la oscuridad absoluta‒ funciona como declaración de principios: el espacio se vuelve indefinido, irreconocible, convirtiéndose en una zona intersticial desde donde Rafael narrará su desaparición. Esta decisión estética no es gratuita ni meramente atmosférica; es, siguiendo la reflexión de Jean-Louis Comolli recogida en Ver y poder, una manera en la que la cámara se acerca a aquellos a quienes filma desde la ética y el respeto, y no desde la revictimización o el espectáculo.

Al mismo tiempo, esta y otras decisiones formales de Uchôa implican la existencia de una temporalidad suspendida desde donde los oprimidos pueden ser restituidos en el campo de lo visible. Se trata de una especie de justicia poética que se reinventa a lo largo de las tres partes de Sete anos em maio: primero, la recreación de la desaparición de Rafael, en la que los jóvenes del barrio de Contagem, en Minas Gerais, interpretan tanto a víctimas como a victimarios; después, el testimonio filmado en plano secuencia, donde el propio Rafael narra su historia frente a otro sobreviviente; y, finalmente, el juego entre lo vivo y lo muerto en el que Rafael queda como la única figura en pie dentro del cuadro, una suerte de resto o vestigio que el encuadre se niega a abandonar.


Es en el segundo tramo, el del testimonio, donde se concentra el centro emocional del filme. La mirada de Rafael no se dirige hacia la cámara, sino que traza un punto de fuga propio, acompañado por una iluminación lateral y difusa que genera amplias zonas de oscuridad y deja apenas un punto tenue de luz sobre su rostro ‒un tratamiento que, me parece, evoca ciertos procedimientos pictóricos del claroscuro sin que ello implique una cita directa o consciente por parte del directo‒. Vale la pena añadir que la reseña de la revista Rocinante ofrece una clave complementaria: al reducir el plano a un rostro apenas iluminado y a una voz que encontrará un interlocutor casi silente, Uchôa opera una economía formal que recuerda ‒dice el texto‒ la idea de que el respeto por quien narra puede consistir precisamente en minimizar el aparato cinematográfico que lo rodea.

Ahora bien, si es cierto que la fórmula que combina ficción y testimonio para estabilizar el relato ha sido explorada muchas veces, lo que distingue a Uchôa ‒y esto lo confirma la entrevista realizada por Mateus Araújo y Maria Chiaretti‒ es que la imaginación no opera aquí como gesto autoral que da voz a los oprimidos, sino como una tarea compartida: fue el propio Rafael quien coescribió su historia. Esa distribución de la autoría desplaza la discusión desde el régimen de la representación hacia lo que podría llamarse, con Jacques Rancière, un reparto de lo sensible: el cine como maquinaria capaz de restituir la visibilidad a quienes la hegemonía condena a la opacidad estructural. En Sete anos em maio, esa restitución no es un favor concedido desde la cámara, sino una negociación construida entre cineasta y protagonista, y es en esa negociación ‒más que en la pericia técnica del realizador‒ donde reside la verdadera potencia política del filme. 

Fuentes:

Araújo, Mateus, y Maria Chiaretti. 2020. “A periferia reimaginada: Uma conversa com Affonso Uchôa”. Aniki: Revista Portuguesa da Imagem em Movimento 7 (2): 370–388. https://doi.org/10.14591/aniki.v7n2.677

Mesquita, Cláudia. 2019. “Sete anos em maio: entre a solidão do sobrevivente e a expansão do trauma”. En Catálogo forumdoc.bh: 23.º Festival do Filme Documentário e Etnográfico de Belo Horizonte, 178–182. Belo Horizonte: Filmes de Quintal. https://www.academia.edu/44833373/

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