Matininó
Por Pablo Gamba
Matininó (Puerto Rico-República Dominicana, 2026) fue parte de la competencia de óperas primas de Sheffield Doc. La película feminista de Gabriela Díaz Arp, que se estrenó en el Festival de Tribeca, recurre a una técnica característica del documental performativo: inventar y actuar personajes que les permitan a las intérpretes expresar una identidad inhibida por el miedo. Incorpora para esto la fantasía de un modo artesanal que refiere a las manualidades escolares y del hogar, pero también a películas punks como Liquid Sky (Slava Tsukerman, Estados Unidos, 1982) y a filmes como Reas (Lola Arias, Argentina-2024), por el modo como se creó la historia.
Las protagonistas del documental son integrantes de cuatro generaciones de una familia puertorriqueña. La historia que inventan es de un viaje a la isla del título, habitada exclusivamente por mujeres. Es un mito del pueblo taíno del Caribe, que fue recogido en las crónicas de Indias. Es un recorrido en el que afrontan el peligro de una banda de hombres salvajes violentos que las persiguen, pero de los que pueden defenderse con sus identidades imaginadas.
El paisaje que atraviesan, saliendo de un parque infantil que parece estar a las afueras de un poblado, recorriendo el monte que se extiende más allá y luego la selva, adquiere un valor simbólico en este contexto. Es una lúcida alegoría del patriarcado como mundo primitivo, a pesar de los vestigios de modernidad que se encuentran en él, como una casa de clase media y una escuela, ambas en ruinas. Desenmascara la barbarie de la violencia contra las mujeres como verdad de una falsa civilización que un grafiti identifica como colonial y de Puerto Rico.
La representación repugnante y animalizada de los varones que persiguen a las mujeres que marchan en busca de Matininó por el monte puede resultar controversial. Lo digo porque refiere a un feminismo radical del tipo del manifiesto SCUM (1967), de Valerie Solanas. Se los caracteriza también con recursos artesanales, pero en este caso inspirados en las películas de Mad Max.
Para entender esto son claves los testimonios. Unos se presentan como entrevistas documentales. Sin embargo, se insertan en un montaje que no es lineal sino que los alterna con el desarrollo de la historia, y con las escenas de su invención y la de los personajes en conversaciones de mujeres sentadas en una mesa hogareña, para darle dinamismo al argumento. Se expresan testimonios en esas otras partes también. De la ficción especulativa pasamos así a memorias de violencia doméstica e institucional, y relatos de resiliencia que explican la representación de los hombres.
Estas historias y el espánglish en que están dichas, son también reveladores de la identidad étnica puertorriqueña, de la migración de ida y vuelta a los Estados Unidos, y del nivel educativo y cultural de las Villanueva-Rodríquez. Percibimos en esto lo interseccional del feminismo del film, su referencia a la singularidad de las experiencias de un grupo familiar como este.
Pero más significativamente ocurre con la observación de sus cuerpos, disidentes de los estereotipos de belleza femenina, aparte de lo racial. Son también estos cuerpos expresión de un destino social, por lo tocante a los embarazos adolescentes y la estigmatización por esta causa. También, como dice una de ellas, por la decadencia general que siente que es la vida de mujeres como ellas después de haber llegado apenas a la temprana edad de treinta años.
La historia, por otra parte, no es solo de conflicto con los varones sino también intergeneracional. A las mujeres del pasado familiar se las representa como un coro danzante que predica la resignación y adaptación, pero en tensión con eso toma la medida más radical contra los hombres, que es el sacrificio ritual. Es una crítica de cómo el patriarcado produce como tradiciones que se transmiten de generación en generación entre las mujeres, y que lo perpetúan con la complicidad y la respuesta violenta al abuso. Uno de los monstruos alegóricos que también son parte de la historia lo representa: la viuda negra no solo mata sino que llena de telarañas la mente.
Con la manera de ser y de pensar de mujeres como estas hay que relacionar igualmente las opciones estéticas. Aunque por la ambientación en un espacio de naturaleza Matininó tiene algo de semejante al largometraje experimental lesbofeminista Oriana (Puerto Rico, 2022) de Beatriz Santiago Muñoz, sobre el que escribimos en este blog, Díaz Arp se inclina por una fotografía y un uso dramático de la música que siguen las convenciones de los blockbusters y la televisión. Recurre, asimismo, a efectos visuales de gráficos de computadora.
Esto también puede ser controversial. Podría parecer igualmente feminista la desenfadada irreverencia con el que esta película conjuga la exuberancia de la imaginación popular-mediática con la sobriedad originaria del documental. Es posible ver allí otra crítica del patriarcado como orden estético y quizás una analogía del cuerpo fílmico disidente con los cuerpos físicos de las protagonistas.
Sin embargo, en las referencias a las manualidades escolares, al animé, a la estética de los superhéroes y, sobre todo, al happy ending, creo que no deja de haber una huella de la infantilización de las espectadoras de las ficciones que inspiran a la cineasta y sus personajes. Expresan la manera como el poder patriarcal esteriliza la madurez política necesaria para la lucha.

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